Síntesis Política de Imagen Política

Finanzas, Negocios /Energía

  • Banxico: riesgo de retorno de turbulencia a mercados
  • Seis nuevas quiebras de bancos en EU
  • Banorte concluye proceso legal de fusión con Ixe
  • Urge regulación y supervisión en microfinanzas
  • Su Casita avanza en su proceso de reestructura
  • América Móvil analiza defensa vs multa de CFC
  • Persiste mala racha en sector turismo
  • IMP recibe dos premios a la innovación
  • Mexichem vive sucesión generacional
  • Arma IP propuesta de banca de desarrollo
  • Crecen 16.5% ingresos de manufactureras

Seguridad /Justicia / Salud

  • Se rompió otra vez el canal de La Compañía
  • Cómplices de El Kilo dieron pistas sobre su escondite
  • Militares retiran ofrenda instalada por  Sicilia en Cuernavaca
  • Ante narco, 398 bajas federales y militares
  • Nuevo secretario de Seguridad Pública en Tamaulipas
 

 

 

 

Gobierno / Partidos / Congreso /  Estados

  • Hablar de logros, hasta en los antros: Cordero
  • Muerte “temporal” a la reforma laboral
  • Pide Moreira la renuncia del titular de la STPS
  • Miguel Márquez, delfín de Oliva, se acerca
  • Calderón viajará a El Vaticano
  • Reta el titular de la SEP a Peña a debatir
  • Generó el PRI cifra récord de pobres: Sedesol

                                                                    TITULARES DEL DÍA
Financiero Acuerdo para impulsar la economía global
Economista Telcel apelará la sanción de la CFC
Reforma Y ahora Crimen va por el oro
Universal DF, en alerta por “lluvias atípicas”
Jornada Inundadas, más de 400 casas en Valle de Chalco
Milenio Zetas capturados dieron  la pista de la guarida del Kilo
Excélsior EU tiene a 500 agentes en México
Sol de México Severas inundaciones en Valle de Chalco
Crónica Revienta Río de la Compañía; inunda 200 casas y autopista
La Razón El Kilo cayó con toda su célula
Impacto Diario Lujambio urgido reta a Peña y a Gordillo

  • Se lanzan Lujambio y Félix Guerra contra el PRI. Los secretarios de Educación Pública y de Desarrollo Social, Alonso Lujambio y Heriberto Félix Guerra, respectivamente, lanzaron ayer críticas contra el PRI y contra su líder Humberto Moreira, por afirmar que saben gobernar, cuando precisamente fue durante administraciones del tricolor cuando más pobres se dieron debido a las devaluaciones y a las crisis económicas recurrentes. Luego de calificar a Moreira como un simple “distractor”, Lujambio Irazábal dijo que su partido no permitirá que los priístas regresen al poder. Además, Lujambio recordó una serie de errores que le han costado a los mexicanos la pérdida de su patrimonio. “Estoy cansado de escuchar a los priístas decir que ellos sí saben gobernar. Ellos dinamitaron las economías familiares en 1994 con el error de diciembre, ellos dinamitaron la economía familiar permitiendo una inflación desatada y delirante en los años 80, ellos se pusieron a llorar, José López Portillo se puso a llorar en el Congreso porque no supo gobernar”. Incluso el funcionario recordó el asesinato de estudiantes en Tlatelolco. “¿Qué mejor prueba queremos de que ellos no supieron gobernar en el país? En 1976 dinamitaron otra vez la economía familiar con la devaluación y en 1968 mataron a estudiantes. ¿Quién sabe gobernar?” concluyó Lujambio Irazábal. Luego, el titular de la SEP enfocó sus baterías sobre Enrique Peña Nieto, de quien dijo, es momento de saber cuál es su tamaño en el terreno de las ideas y el debate, pues se le ha visto mucho, pero no se le ha escuchado nada.  (Universal)

 

 

Espejo

  • Denise Dresser. Frente al espejo. “Pinche gringo”, le grita un automovilista al pasar al lado de donde de mi esposo recoge la basura en la calle, cerca del Bosque de Chapultepec. Y bueno, se puede entender el motivo de la confusión porque tiene el cabello rubio, los ojos verdes y mide 1.96. Pero resulta que es canadiense y aún más importante, es ser humano. Miembro de un grupo universal, cuyos derechos deberían trascender la raza, la etnia, el color de piel, la nacionalidad misma Sin embargo -una y otra vez- se enfrenta a frases discriminatorias que son dardos, epítetos xenófobos que son flechas, expresiones intolerantes que revelan el rostro oscuro de México. Un país que es un maravilloso rompecabezas en su diversidad de etnias, culturas, edades, formas de pensar, de creer, de amar. Pero un rompecabezas incompleto todavía. Porque aún hay millones de individuos a los cuales se les deja fuera, se les discrimina, se les odia, se les golpea, se les trata como ciudadanos de segunda clase. Por sexo, por discapacidad, por ser joven, niña o niño, persona adulta mayor. Por origen étnico, por apariencia, por nacionalidad, por preferencia sexual, por ser migrante Indígenas a quienes se les niega el ejercicio igualitario de libertades y oportunidades. Mujeres a las cuales se les excluye y se les pone en desventaja Homosexuales sometidos a la intolerancia sistemática, injusta e inmerecida Ciudadanos a quienes se les violan sus derechos, a toda hora, todos los días. Como lo revela la primera Encuesta Nacional Sobre Discriminación, somos “una sociedad con intensas prácticas de exclusión, desprecio y discriminación hada ciertos grupos” y “la discriminación está fuertemente enraizada y asumida en la cultura social, y se reproduce por medio de valores culturales”. Cuesta trabajo sabernos así, asumirnos así, vernos así. Usando la frase de Doris Sommer, México vive con una serie de “ficciones fundacionales”. México se cubre la cara con la máscara de los mitos. El mito del país mestizo, incluyente, tolerante. El mito del país que es clasista más no racista. El mito del país que abolió la esclavitud y con ello eliminó la discriminación. El mito del país progresista donde un indio zapoteca pudo ser Presidente. Esas ficciones indispensables, esas ideas aceptadas: el mestizaje civilizador, el indio noble, la mujer como Madre Patria, la revolución igualitaria, la cultura acogedora Esas medias verdades que son como bálsamo, como ungüento, como antifaz. Esas mentiras aceptadas que ocultan la realidad de un país poco dispuesto a confrontarla Donde nadie nunca se declara homofóbico o racista o machista o xenófobo o en favor de la violencia Donde muchos por acción u omisión lo son y lo están. De allí la importancia de colocar un espejo frente al rostro de México. De enfrentar la verdad de un país que -aún sin reconocerlo- ha tenido y mantenido dinámicas de discriminación, avaladas por el silencio y reforzadas por la invisibilidad. De allí la importancia de la segunda Encuesta Nacional sobre Discriminación que evidencia, enumera, enfrenta, expone. Un país donde 30.1 por ciento de las personas con educación secundaria no estarían dispuestas a permitir que en su casa vivieran personas con alguna discapacidad. Donde 28.1 por ciento no permitirían que vivieran personas de otra raza Donde 30.1 por ciento no permitirían que vivieran extranjeros. Donde 32.5 por ciento no permitiría que vivieran personas con una cultura distinta Donde 30.5 no permitiría que vivieran personas con ideas políticas distintas a las suyas. Donde 30.1 por ciento no permitiría que vivieran homosexuales o lesbianas. Donde no tener dinero, la apariencia física, la edad y el sexo son las condiciones más identificadas por la población cuya dignidad ha sido herida Donde 3 de cada 10 mexicanos niegan o condicionan los derechos de los demás. Estos prejuicios mutilan tanto a los que odian como a los que son odiados, robando a ambos de lo que podrían ser como personas. Impiden apreciar todo lo bueno que hay detrás de las apariencias. Revelan una cultura estrecha, temerosa, excluyente, en la cual una tercera parte de la población juzga con los ojos y no piensa con la mente. Evidencian el enorme desafío de nacionalizar la agenda antidiscriminatoria y educar a los mexicanos para la respeto a la diversidad. Estos prejuicios convierten a México en un lugar donde -parafraseando a Martin Luther King- los hombres y las mujeres son juzgadas por el color de su piel o por su preferencia sexual, y no por el contenido de su carácter. Por ello, como señala Ricardo Bucio, el presidente del Conapred, es fundamental entender y cuestionar las propias percepciones y prácticas. Es imperativo conocernos de mejor manera, confrontar parte de nuestra realidad, entender que la igualdad es el sentido primigenio de la democracia y también su horizonte de llegada. Para que las mentes cerradas vayan acompañadas de bocas cerradas. Para que después de mirarse frente al espejo, ningún mexicano pueda decir “naco” o “joto” o “indio desarrapado” o “pinche gringo” sin avergonzarse por ello. (Reforma)

Nueva Generación

  • Jesús Silva Herzog. Nueva generación. El Senado anuncia que se ha llegado a un acuerdo de reforma política. Tras un año y medio de negociaciones, el Senado ha logrado redactar un documento que sintetiza coincidencias importantes. Entre otros cambios, se plantean candidaturas independientes, reelección de legisladores, mecanismos de democracia semidirecta, iniciativa preferente, reconducción presupuestal. Desde luego, el acuerdo deja a muchos insatisfechos: los cambios planteados son modestos, los instrumentos se inauguran con excesiva timidez, se dejan fuera asuntos cruciales de la reforma institucional. Mi impresión es que las coincidencias abren un continente institucional que había permanecido intacto a pesar de la transformación radical de nuestro orden político. Durante décadas hemos cambiado y vuelto a cambiar las reglas para acceder al poder. Dar garantías a los participantes, constituir la neutralidad, estimular la institucionalización del pluralismo, fomentar la equidad. Todavía a principios de esta administración se regresó al viejo expediente de modificar la ley electoral tras un conflicto político. Como si el pleito postelectoral se debiera a reglas mal escritas -no a la deslealtad de los jugadores- se procedió a cambiar una vez más la ley electoral. Dígase h que se diga del acuerdo que se vislumbra, debe subrayarse que se ubica en un territorio muy distinto. Ya no se trata de las normas para regular la llegada al poder, sino de revisar los mecanismos de su actuación. Las reformas pueden flexibilizar nuestro sistema de partidos. Se vislumbra un cambio histórico en nuestro régimen congresional: el final de la excepción que prohibe la reelección de los legisladores. Esa medida que era tan sensata en un régimen no competitivo es insostenible en competencia pero ha enfrentado dos enemigos muy poderosos. Las cúpulas partidistas por una parte, y la opinión pública por la otra Los jerarcas no han simpatizado nunca con esta medida Saben bien que sin reelección tienen una cuerda corta para administrarlas ambiciones de sus tropas. La reelección tampoco ha sido popular. Mi impresión es que en nuestra desconfianza pesa nías la pésima imagen del Congreso que la memoria del gobierno eterno. Por fortuna parece que los obstáculos pueden vencerse finalmente para abrir en México una pista de profesionalización legislativa Si la reforma se limita simplemente a ese cambio, ya valdría la pena No será la panacea legislativa pero puede esperarse una mejora en nuestra dinámica legislativa que permitiría cierta distancia, en ciertos casos, de las cúpulas partidistas. Los partidos tendrían que esforzarse por mantener la cohesión de sus bancadas, mientras los legisladores tenderían a estar más atentos a sus electores. Otras medidas tienden a suavizar la dura estructura de partidos. Es difícil que un candidato apartidista esté en condiciones para disputar los cargos nacionales a los abanderados de los partidos políticos, pero la sola apertura de esa ventana hará a los partidos un poco más atentos. El desafío extrapartidista tendría ya una pista institucional para desafiar su monopolio. La incorporación de la figura de los candidatos independientes que podrían disputar cualquier cargo de elección popular es, sobre todo, una amenaza a los partidos. Lo mismo puede decirse de las figuras de la iniciativa ciudadana o la consulta popular. Ninguna democracia del tamaño de la mexicana toma decisiones ordinarias a través de esos instrumentos. En las democracias avanzadas son mecanismos usados infrecuentemente. Se recurre a ellos, sobre todo, en aquellas decisiones que, por su propia naturaleza, requieren de un agregado de legitimidad. Es importante recordar que son mecanismos delicados: si bien pueden vivificar la democracia, también pueden servir al abuso de quienes no quieren o no saben dialogar con el Congreso. En todo caso, es también una válvula que puede liberar la presión cuando el régimen de partidos está hecho un nudo. Es importante que se llene el vacío que existe en nuestra Constitución para el caso de que falte el Presidente. El mecanismo que se sugiere, sin embargo, no es aceptable El secretario de Gobernación no puede ejercer funciones de vicepresidente si sigue siendo un nombramiento de exclusiva competencia del presidente de la República Imaginemos por un segundo que el presidente de la República fuera hoy por la noche el actual titular de la Secretaría de Gobernación. Inadmisible Mientras el Presidente sea el único que interviene en la designación de ese funcionario, carecerá de la legitimidad para ocupar el Poder Ejecutivo en caso de emergencia Necesitamos sustitución automática del Presidente si éste muere Pero quien lo sustituya necesita de la legitimidad de la que el secretario de Gobernación a todas luces carece Si se quiere confiar en el equipo del Presidente faltante, habría que someter a ratificación senatorial el cargo de quien pueda ocupar eventualmente la Presidencia de la República. (Reforma)

Tragedia

  • Ricardo Alemán. Los zapatos vacíos. Como en pocas tragedias de la clase política mexicana, la prematura partida del “preferido” de Felipe Calderón, de Juan Camilo Mouriño, parece estar cerca de confirmar que se trató de una doble tragedia; humana y de un servidor público, pero también una tragedia electoral. ¿Por qué? Porque el tiempo y la crisis de candidaturas presidenciales en el PAN ratifican que la muerte del secretario de Gobernación y más confiable colaborador presidencial, también significó la partida del que, sin duda, hoy habría significado la salvación del PAN. ¿Por qué la salvación del PAN? Porque en la hipótesis de que no se hubiese producido la tragedia que llevó a la muerte a Juan Camilo Mouriño, seguramente hoy la competencia presidencial sería muy distinta a la actual, y probablemente se habría focalizado en cuatro políticos de alto nivel de competitividad. ¿De qué y de quién hablamos? Nos referimos a que, de estar vivo, seguramente Mouriño estaría en plena disputa por la sucesión presidencial —acaso en el papel de gobernador de Campeche—, junto con Peña Nieto, del PRI; además de Marcelo Ebrard y AMLO, los dos por el PRD. Y en la misma hipótesis de un Mouriño metido en la contienda sucesoria, es probable que el más aventajado en las encuetas de hoy, el mexiquense Peña Nieto, no lo sería tanto, porque también es probable que el panista Juan Camilo sería el puntero azul. También cabe la hipótesis de que el centro de los ataques de la fanaticada tabasqueña no hubiese sido Peña, sino Mouriño. Pero igualmente, en la misma hipótesis, la lucha sucesoria para 2012 es probable que a estas alturas estaría definida entre tres políticos de imagen joven, moderna, lejos del populismo tabasqueño trasnochado y los punteros pudieran ser —en el mismo escenario—, Ebrard, Mouriño y Peña, citados en orden alfabético. Y en el mismo ejercicio de imaginación, seguramente poco tendrían que hacer en la contienda presidencial el montón de bultos azules que hoy hacen de todo —especialmente hacen el ridículo— por la nominación del PAN. Y claro, probablemente no habríamos visto la promiscuidad político electoral del PAN y del PRD. Vale el ejercicio —y viene a cuento la hipótesis de imaginación— porque, ante la crisis de cuadros y candidatos presidenciales que enfrenta el PAN, es más notoria no sólo la ausencia de un liderazgo como el que intentó y empezó a construir Felipe Calderón en la figura de Juan Camilo Mouriño —ya que era el destinado a ser el aspirante a la sucesión presidencial—, sino que ninguno de los llevados a ocupar los zapatos de Mouriño al gabinete pudo con el paquete. Es decir, que la tragedia que le costó la vida a Mouriño se puede traducir en una doble tragedia; la que lleve al PAN a la derrota presidencial en 2012. Y es que a querer no, le guste o no a los azules, lo acepten o traten de negarlo, lo cierto es que la caballada más flaca de los tres grandes partidos políticos o grupos que emprenderán la sucesión presidencial, es la del Partido Acción Nacional. Salvo excepciones, en realidad la del PAN es una caballada de pena ajena. ¿Por qué? Porque sea por currículum, experiencia, capacidad de gobierno, carisma, aceptación popular, trayectoria, militancia… por lo que gusten y manden los apaches azules, lo cierto es que ninguno de los que hoy muestran la cara como aspirantes presidenciales tienen posibilidad alguna para enfrentar a Peña Nieto, por el lado del PRI y sus aliados, y a AMLO y/o Marcelo Ebrard, en el bando de las llamadas izquierdas. Y los candidatos azules son tan chiquitos, primitivos, elementales, que —como ocurrió hace horas con Alonso Lujambio, el secretario de Educación, quien llama a debatir a Peña Nieto, “para saber de qué tamaño está hecho”— cometen errores de párvulos como retar a gritos al puntero, en espera de que la atención del más aventajado les regale o les transfiera un mendrugo de atención. En pocas palabras, que aquellos candidatos del PAN que quieren alcanzar imagen, atención y popularidad, recurren a niñerías políticas —cual párvulos políticos—, una vez que por sí mismos, a partir de su trabajo, su capacidad, sus resultados, sus habilidades, inteligencia, imaginación… no pudieron crecer, posicionarse en las encuestas, sobresalir en el imaginario colectivo. Al final, queda claro que los zapatos de Juan Camilo Mouriño están vacíos; que no los pudo llenar ninguno de los muchos que Felipe Calderón puso a prueba y que, por lo mismo, podemos decir que también en la selección de su sucesor, se equivocó el segundo Presidente panista. Al tiempo. (Excélsior)

Alianza / Oaxaca

  • Raymundo Riva Palacio. La verdadera alianza. A la vista de todos, donde suele pasar que muchas veces no se ve lo que sucede, el PRI y la maestra Elba Esther Gordillo suscribieron públicamente una alianza política en el estado de México que tiene muchas alas para volar. En el evento de la semana pasada en Toluca donde el partido del magisterio lo ungió como su candidato a la gubernatura, Eruviel Ávila, declaró su amistad casi incondicional con Gordillo, ante un auditorio de cinco mil maestros, en un acto político organizado por los maestros y encabezado por su hija Mónica Arriola. Toda la nomenklatura de Nueva Alianza se sumó formalmente a la coalición con el candidato del PRI, quien tuvo que dar varios manotazos sobre la mesa para que los enviados a su campaña por parte del gobernador Enrique Peña Nieto, no dieran al traste con el simbolismo político del acuerdo. El más importante fue la sacudida que dio a su coordinador de campaña, Luis Videgaray, a quien cuando reclamó porqué no lo había subido al presidium y relegado a las filas del coro, fue parado en seco. “Este es un acto de los maestros”. Videgaray era un actor de reparto en esa obra. Arriola, que dio un discurso personal salpicado de nostalgia y cariño, extrajo de su memoria momentos que dibujaron una vieja relación de Ávila con la maestra. Ella era delegada del SNTE en la zona de Ecatepec cuando Ávila comenzaba su carrera como ayudante de políticos de medio pelo y, recordó Arriola, siempre la buscaba para platicar, nutriendo una amistad y respeto que floreció. La maestra fue uno de los factores fácticos en la designación de Ávila como candidato priísta para la gubernatura del estado de México, ejerciendo presión para evitar la coronación de Alfredo del Mazo Maza, cobrando una factura de hace 15 años al grupo de mexiquenses que cuando ella coordinaba la fracción del PRI en el Congreso y se comprometió a sacar el IVA, fue descuartizada sin piedad por el Grupo Atlacomulco. Personas cercanas al padre del frustrado candidato, el ex gobernador Alfredo del Mazo, dicen que él no tiene problemas con la maestra, en cuyo entorno insisten que hay cosas que no se olvidan. Pero Gordillo, que transpira una paciencia y astucia asiáticas, no se mueve sólo por sus pasiones. Ávila puede ser una vieja amistad y tenerle incluso cariño, pero en la política actúa con frialdad. Las negociaciones para entregarle el apoyo de los maestros –que garantizan tener representantes en cada una de las casillas el día de la votación- no se limitan al estado de México, sino que se extienden a la elección presidencial del próximo año. Personas enteradas de la negociación señalan que el acuerdo global es altamente redituable para la maestra. En función de la ventaja que pudiera lograr Ávila en caso de ganar la gubernatura y el PRI durante las elecciones presidenciales y legislativas en 2012, Nueva Alianza, el partido de la maestra, podría alcanzar hasta 50 posiciones durante el sexenio de Ávila, que incluiría diputados federales y locales, así como plazas en el gobierno estatal, encabezadas por la Secretaría de Educación. Ávila apostó por Nueva Alianza y no por el Partido Verde, que ha servido como un satélite del PRI, que lo han utilizado para colocar compromisos políticos en puestos de elección popular cuando no les alcanzan los lugares –por las negociaciones internas con los grupos de interés priístas- en su propio partido. El Partido Verde obtuvo una magra negociación con Ávila en su alianza mexiquense, al garantizarles únicamente representatividad política para que mantengan el registro; o sea, el 2% de peso político. No hay manera que los verdes puedan ofrecer las garantías que les dio la maestra con Nueva Alianza. Inclusive, al terminar el acto con los maestros, Videgaray habló con el representante de los verdes invitado al evento y le pidió que empezaran a organizar su propio mitin para ungirlo también como su candidato. “¿Con cuántas personas?”, preguntó el representante del Partido Verde. “Mínimo, como este”, respondió Videgaray, “cinco mil personas”. Difícilmente lo podrán hacer. No tienen la capacidad de movilización para actos masivos como los maestros. Gordillo lo sabe. Vendió cara su alianza con Felipe Calderón para ayudarlo a llegar a la Presidencia en 2006, y puso sobre la mesa en el estado de México su portafolio electoral. La maestra tiene una alianza muy fuerte con Peña Nieto, y parece estar dispuesta a respaldarlo electoralmente en 2012 de ser candidato a la Presidencia. La primera piedra de ese pacto la colocó Nueva Alianza, como su hija a la cabeza, con Ávila la semana pasada, en los acuerdos que son verdaderos, en compromisos y resultados. (La Razón)
  • Manuel Camacho. Oaxaca encabeza la transición. Gabino Cué y las fuerzas políticas de Oaxaca están cumpliendo con su palabra y demuestran que, cuando existe voluntad política, las reformas que redistribuyen el poder pueden avanzar. Las iniciativas de reformas constitucionales que envió el gobernador y que abren el paso a la transición democrática, después de un trabajo serio de comisiones y en un plazo breve, fueron aprobadas por unanimidad. El cambio que está ocurriendo en la vida política de Oaxaca es de una magnitud tal que no es exagerado hablar de una nueva constitucionalidad. Con estos cambios, los reclamos de 2006 y las esperanzas de 2010 encuentran un cauce institucional Las reformas que han sido aprobadas se agrupan en tomo a cinco ejes. Una nueva relación entre el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo. Fortalecimiento del Poder Judicial. Órganos autónomos de Estado. La instrumentación de los mecanismos de democracia directa. Una nueva gestión pública responsable con orientación social. La que ha sido la agenda de la reforma del Estado nacional durante años, pudo avanzar en unos cuantos meses en Oaxaca. Se alcanza la autonomía del consejo electoral, pero se amplían sus facultades a la participación ciudadana. Organizará las elecciones, pero también la participación ciudadana cuando se recurra al referéndum o al plebiscito. Se crea un órgano independiente de auditoría del Congreso, pero con mayores facultades. También un Consejo de la Judicatura, así como un Tribunal de Cuentas y una Sala Constitucional. Se establecen criterios de austeridad y planeación en el ejercicio del gasto público. Se incluye la cuestión indígena. Se introduce la figura de la iniciativa preferente y la iniciativa ficta, pero también se precisan las facultades de veto y reconducción presupuestal. Se amplían las facultades del Poder Judicial a las acciones de inconstitucionalidad y a las controversias constitucionales. Se crea un nuevo mecanismo para el nombramiento de los magistrados del Tribunal Superior de Justicia que pone fin al control directo del Poder Judicial por el gobernador y se fortalece la autonomía fiscal del Poder Judicial. Se ciudadaniza y transparenta el proceso para la elección del procurador general de Justicia a través de una convocatoria pública. Se incluyen los mecanismos de democracia directa y su instrumentación* el referéndum, el plebiscito, el cabildo abierto y las audiencias públicas por el Poder Legislativo. Se hace obligatoria la ratificación del gabinete por el Congreso. Se abre la posibilidad de la revocación del mandato del cargo de gobernador. No hay una nueva constitución para Oaxaca, pero por su extensión y profundidad, sí se logró establecer una reforma del Estado de gran calado. Una auténtica nueva constitucionalidad. Si no hubiera ocurrido el cambio político que resultó de las elecciones, esta reforma jamás habría sido posible. Si se hubiera roto la alianza en el Congreso de las fuerzas que llevaron a Gabino Cué a la gubernatura, el cambio no se habría realizado..Pero también, hay que reconocerlo, el PRI actuó con responsabilidad y en vez de obstinarse en una estrategia de confrontación como la que sostuvo en el pasado, se sumó y dio fuerza a la reforma. Este cambio tiene diversos antecedentes. Un movimiento social duro que mostró que sería imposible gobernar Oaxaca sin mayores niveles de consenso. Un movimiento ciudadano bastante impresionante que logró vencer al aparato del Estado con una muy alta participación ciudadana en las últimas elecciones. Diputados y sus partidos que aprovecharon ese espacio —y un corto tiempo— para sacar adelante un paquete decoroso y avanzado. Un gobernador que se decidió a gobernar de manera no facciosa Estos cambios institucionales no cambiarán de golpe la vida política de Oaxaca ni resolverán sus conflictos. Falta mucho esfuerzo por delante. Pero sin duda se ha dado un paso hacia adelante que debe enorgullecer a los oaxaqueños y alentar a los mexicanos. (Universal)

PRI / Violencia

  • Pablo Hiriart. El PRI y el Presidente. El partido de la prudencia y de la institucionalidad se ha ido al extremo y pretende rebasar por la cuneta del lodo a López Obrador. Si insiste lo va a lograr, es cosa de echarle ganas y soltar la lengua. Pero se va a quedar atascado. Humberto Moreira, presidente de los priistas, calificó a Felipe Calderón de “incompetente e impostor”. Acto seguido dijo que Calderón “debería ser más humilde y decir ‘fallé como Presidente de la República’. Que se declare incompetente, pues no puede con el país”. Desde hace años no oíamos semejante lenguaje chocarrero y sedicioso. ¿Cómo que impostor? Eso decía López Obrador, por eso se hundió con tantas opiniones en su contra. Y lo que es peor: ese lenguaje frenó al país desde el flanco ultra en que se sitúa ese personaje. ¿Qué hace el PRI con un léxico de las barriadas marginales de la política nacional? El mérito de los priistas fue haber cumplido con su deber y permitir que en este sexenio gobernara el que ganó las elecciones en 2006, que no era de su partido. La actitud institucional del PRI fue valorada por la población que le dio su confianza en las elecciones intermedias en 2009. Si Felipe Calderón está equivocado y sus resultados son malos en seguridad y pobreza, que se lo hagan saber los ciudadanos en las urnas. Ésa es la única forma democrática de quitar a un partido del gobierno. Lo que está pidiendo Moreira, en los hechos, es que se vaya el Presidente. ¿Se dan cuenta los priistas de lo que encierra esa demanda? Lo pidió López Obrador porque aseguraba que a él le habían robado las elecciones. De tanto repetirlo y de jugar con el lenguaje sedicioso, López Obrador fue apartado del debate serio y sus negativos le hicieron merecedor del rechazo de la gran mayoría de los mexicanos. Ahora ese personaje sólo puede ganar una elección interna en su partido, pero a su competidor Marcelo Ebrard no le ganaría jamás en una elección abierta a toda la ciudadanía. Por eso sorprende que el PRI arroje por la borda sus galones democráticos (reconoció cuando perdió en 2000 y arropó al vencedor en 2006) y se trepe al carro de los ultras como AMLO y Muñoz Ledo que pedían la salida anticipada del Presidente. Más sorprendente aún es que lo haga ahora, a un año de las elecciones presidenciales, en las que lleva una amplia ventaja para ganarlas. Pero en un año y dos meses muchas cosas pueden pasar. Como que el PRI se caiga en las encuestas por su lenguaje pendenciero e irrespetuoso, por ejemplo. Pero hay algo que con toda seguridad no va a pasar: lo que pide Moreira que pase. (La Razón)
  • Leo Zuckermann. El PRI no puede hacerse guaje sobre la violencia. La semana pasada escribí un artículo donde argumentaba que, para entender la violencia en México, había que voltear a ver y entender lo que estaba sucediendo en Tamaulipas. Presenté unas estadísticas que mostraban cómo se disparó el terror en aquel estado el año pasado. Acabo de leer un artículo que arroja mucha luz sobre lo que está pasando ahí. Es un excelente texto de Diego Enrique Osorno en el número más reciente de la revista Gatopardo titulado “La batalla de Ciudad Mier”. Lo que revela es la presencia de un Estado de naturaleza donde no existe orden ni contratos sociales ni reglas que regulen las relaciones entre los habitantes de esa región. La única ley que existe es la del más fuerte. El Estado mexicano ha perdido el control territorial en esos pueblos tamaulipecos de la Frontera Chica, incluyendo Ciudad Mier y San Fernando. Ahí no hay gobierno. Lo que existe es un enfrentamiento bélico entre Los Zetas y el cártel del Golfo (este último al parecer apoyado por los cárteles de Sinaloa y La Familia Michoacana). Recomiendo mucho la lectura de la crónica de Osorno sobre Ciudad Mier. Los muertos, la crueldad, el miedo, la migración, el silencio, en fin, el escenario devastador de una guerra donde ni siquiera los reporteros de la agencia noticiosa Al Jazeera, “que en los años recientes han estado en las líneas de fuego de los principales conflictos bélicos del planeta, no pudieron recorrer la carretera de La Ribereña. Ni los funcionarios locales ni los militares les dieron mínimas garantías de que saldrían vivos si lo intentaban”. Increíble: un pedazo del territorio mexicano en peor situación que Irak, Afganistán o Gaza. Las consecuencias de la violencia en Ciudad Mier han sido devastadoras: “Durante ese tiempo no sólo fue un pueblo sin policías: fue un pueblo sin escuela, sin bancos, sin carnicerías, sin médicos y sin farmacias, porque los principales establecimientos estuvieron cerrados buena parte de los nueve meses. Camionetas cargadas de gente con maletas y bultos abandonaban el pueblo. La Arquidiócesis estuvo a punto de dejar a Ciudad Mier también sin cura, pero —pese a la orden de sus superiores— el sacerdote del pueblo fue el único de la Frontera Chica que se rehusó a abandonar su templo durante los enfrentamientos. El tamaño de la soledad de Ciudad Mier era tal que el alcalde sólo visitaba la presidencia municipal dos veces por semana, y el resto de los días los pasaba en Roma, Texas, o en cualquier otro lugar lejano y seguro. En 2010 no sólo no se celebró el aniversario del pueblo, tampoco hubo fiestas de Semana Santa, Día de las Madres ni siquiera Grito de Independencia. La vida civil en Ciudad Mier se fue extinguiendo de forma callada y cruel, hasta que en noviembre apenas quedaban mil de los seis mil 117 habitantes de los que habla el censo oficial”. Si bien la historia de Osorno se concentra en Ciudad Mier, hace una breve referencia de San Fernando, donde recientemente se encontraron fosas clandestinas con 145 cadáveres: “Hasta antes de la matanza de los setenta y dos migrantes, ocurrida en un rancho del ejido El Huizachal, la presencia del Ejército era reducida en San Fernando. Después de la tragedia la zona se militarizó, pero sólo unos días. Cuando los soldados se fueron, los ánimos de los habitantes que todavía no huían se volvieron a desmoronar. Te dicen que quizá no vas a encontrar un solo sanfernandense que no haya perdido amigos, familia o conocidos de toda la vida a causa del conflicto. Te aseguran que no todos los muertos son narcos, que hay muchos inocentes, que no debes olvidar que en las guerras la muerte es pareja y que siempre hay dramas terribles como los que han sucedido en ésta; dramas como el de esas familias que han hecho funerales y enterrado solamente las cabezas de sus parientes muertos, porque el resto de los cuerpos jamás lo pudieron encontrar”. ¿Quién se supone que gobierna en esta zona del país? El PRI. Tanto el gobernador como todos los presidentes municipales de los poblados en conflicto son de ese partido (el gobernador, de hecho, es el hermano de quién debería estar gobernando pero que fue acribillado unos días antes de la elección). La realidad es que las autoridades en Tamaulipas están rebasadas. No están pudiendo con el paquete. No están gobernando. Están esperando a que la Federación, es decir las Fuerzas Armadas, intervengan para recuperar este territorio. Si es así, ¿por qué el Senado no desaparece los poderes en Tamaulipas? ¿Por qué no se declara un Estado de excepción? Muy sencillo: porque a los priistas no les conviene la imagen de pérdida de un estado que supuestamente gobiernan. Menos ahora que estamos en vísperas de la elección presidencial. Pero el PRI no puede hacerse el pato en este tema de la violencia. No puede recurrir al expediente fácil de echarle toda la culpa al gobierno de Calderón. Si los priistas de verdad quieren regresar a Los Pinos, tienen que dar una respuesta seria y factible de cómo resolver la violencia en México comenzando por estados que ellos supuestamente gobiernan como Tamaulipas. (Excélsior)

Dios / No + sangre / Ya Basta / Violencia

  • Héctor Aguilar Camín. Semana mayor 1. ¿Los narcos creen en Dios?  Según el censo de 2010, 97 de cada cien mexicanos creen en alguna forma de Dios y practican algún credo religioso (87 por ciento católicos). Sólo 3 por ciento nos declaramos ateos. ¿En qué creemos los que no creemos en Dios? En formas sustitutas de la inmortalidad y de Dios, desde luego, formas de distraernos de la muerte. Digamos el amor, la fama, el dinero, la permanencia en la memoria de otros: todas cosas triviales si se las compara con la idea de Dios, el más allá, la vida eterna, el cielo o el infierno. Pocos ateos dan el salto implícito en la frase de Iván Karamazov: “Si Dios no existe, todo está permitido”. Pocos actúan en consecuencia, como el hermano idiota de Iván, Smerdiakov, que mata al padre opresivo, el padre que de alguna manera todos los hermanos quieren ver muerto. Sólo él se atreve y da el salto, autorizado por el dictum terrible de su hermano: “Si Dios no existe, todo está permitido”. La frase de Iván Karamazov anuncia el salto moral hacia el nihilismo, esa tierra de nadie inherente a la idea de un mundo sin Dios, aun si es el Dios colérico y olvidadizo de la Biblia. Es el principio del nihilismo: si no creo en nada trascendente, todo es aquí y ahora. Mi aquí y ahora no tiene rumbo ni rienda. Soy mi propio Dios, mi propia medida, mi propia moral, sin otro referente que yo mismo. Consecuencia moral y filosófica: sin dioses que observan, ordenan, regulan, confortan y oprimen la conducta humana, no hay reglas, no hay límites, sólo la expansión de la voluntad de cada quien. El mundo sin Dios en la política, vuelto sólo voluntad de poder, es el de Hitler y Stalin, y el de todos los otros reinos utópicos, sustitutos de la Ciudad Dios en este mundo: el reino milenario nazi, la utopía comunista del Gulag, la obligación de la pobreza de Fidel Castro. Pero estamos en México. Me pregunto cuántos de los mexicanos que se dedican hoy a matar, decapitar, enterrar a otros en fosas anónimas han dado el salto implícito en la sentencia de Iván Karamazov. Cuántos de estos asesinos son ateos nihilistas y cuántos creen en Dios. Es decir, cuántos son creyentes a su manera esquizofrénica: creyendo y matando. Cuántos respetan a su iglesia, creen en el cielo y en el infierno, y saben que han optado por éste. Nuestros creyentes homicidas son un misterio teológico y moral. Han llevado la frase de Iván Karamazov un paso más allá. Parecen decirnos: “Dios existe, mi amigo, pero todo está permitido”. (Milenio)
  • Carlos Marín Intelectuales ante el No + sangre. En esta misma edición (página 15), Luis González de Alba recuerda que “no hay pueblos de malhechores”, pero mucha gente “disfruta los beneficios del hampa” debido a que “el tejido social está infiltrado con metástasis de ese cáncer. No todos matan, algunos le agarran la pata…”. No obstante, “salen manifestaciones a gritar contra la guerra de Calderón”, observa. Se suma y enriquece la campaña Basta de sangre: “¡Y ya basta de impunidad para la clientela electoral! ¡Ya basta de calcular, primero, si aplicar la ley quita más votos de los que consigue!”. Alerta: “Estamos dando la temperatura adecuada a la incubación del huevo de la serpiente” (en tanto que “Calderón irá a la beatificación del Juan Pablo II: se merece sus fracasos, los cultiva y riega”). La calle de hoy es implacable con los intelectuales que claman por el repliegue federal: “Vemos a la inteligencia mexicana sumida en una crisis patológica de imbecilidad…”. El sábado, en Laberinto de MILENIO, Heriberto Yépez hizo notar la intensificación de “la oposición de intelectuales a la guerra contra el narco (…); piden que pare la guerra y se legalicen drogas (…) pero no aclaran alternativas: no hay una visión anti o post-narcocultura”. Discípulo del filósofo Horst Matthai Quelle, catedrático de la Universidad Autónoma de Baja California, este pensador tijuanense razonó: “La narcoviolencia era alta en Tijuana o Culiacán mucho antes de que Calderón apareciera. Y ejecuciones, secuestros, encobijados, masacres llevan ya muchos sexenios en la frontera. Ahí los cárteles (aliados de gobierno local, estatal y/o federal) eliminan masas de narcos y no-narcos desde hace décadas. ¿Por qué estos muertos no indignaban? ¿Por qué los intelectuales, hoy tan preocupados, no protestaron contra ese genocidio? ¿Sugieren un pacto con el narco? ¿Ese es su plan? ¿Cambiar esta guerra “espuria” por otra narcocooltura más chida?” Al igual que intelectuales que promueven la legalización de drogas, “yo también estoy a favor de ella, pero estoy más a favor de que, mientras la droga sea traficada por personas sin escrúpulos —narcos o policías, militares, funcionarios corruptos—, seamos radicales: renunciemos al narco-consumo”. Y emplaza: “Vamos al grano: el consumidor de droga mexicano, junto con el gringo, es el patrocinador directo de todos estos asesinatos. El consumidor paga sueldo de sicarios y autoridades, subsidia sobornos, picha las armas, financia las células y, claro, redes de prostitución y esclavitud asociadas (…). Los consumidores comunes son los señores reales del narco. Sus jefes de piso…”. Concluye así: “Esta guerra no es nuestra”, ¿neta? “Y, sí, todos estamos hasta la madre. Hasta la madre de coca, cabrones…”. Por inquietudes como las expuestas, conviene recordar el punto sobre la i que puso (hace más de un año con Ciro Gómez Leyva en Radio Fórmula) Héctor Aguilar Camín: “… Reclamémosle al Estado ser tan ineficaz con la seguridad que está obligado a dar. Pero los hijos de puta, son los hijos de puta…”. (Milenio)
  • José Luis Reyna. El ¡ya basta! se entiende de maneras diferentes. El ¡ya basta! se oye en todos los rincones y proviene de diversos actores de la sociedad. Javier Sicilia ha hecho de ese reclamo (“estar hasta la madre“) una bandera que tiene visos de convertirse en un movimiento social de largo alcance. Ese ¡ya basta! no está dirigido a Felipe Calderón ni a político alguno en particular. Está dirigido a una clase política que ha sido incapaz de asumir sus responsabilidades, de llevar con dignidad sus funciones, que garantice, por la vía de las instituciones que conforman el Estado, la seguridad pública que se ha convertido en un bien escaso. “Estamos hasta la madre de ustedes (de la clase política en general) porque en sus luchas por el poder han desgarrado el tejido social de la nación (… porque) han puesto al país en estado de emergencia”, afirmó hace unos días Sicilia. No pasó una semana para que obtuviera una respuesta del jefe del Ejecutivo: el ¡ya basta! calderoniano no es aceptable si se dirige contra el gobierno federal o contra las fuerzas armadas. Tiene un solo destinatario, según él: los criminales, a “quienes sí se debe frenar y no hacia aquellos que los combaten”. Si el ¡ya basta! es válido como consigna general, tendría que ser diferenciado: para los delincuentes, por una parte, y para las autoridades, que por complicidad, corrupción e impunidad han solapado a aquellos; los dejaron crecer hasta que se convirtieron en una “autoridad paralela”, como lo demuestra el caso tamaulipeco, entre otros territorios sin ley. Es obvio que el reclamo de Sicilia está adquiriendo fuerza y por lo mismo molesta a quien ocupa la silla presidencial. Como bien fue expuesto hace unas semanas, en un artículo firmada por Randal Archibald, “en México hay matanzas y, a la vez, declaraciones triunfalistas” (The New York Times, 1/II/11). Que se va ganando una guerra que, en la percepción de muchos, incluyendo algunas autoridades estadunidenses, se está perdiendo. Es innegable que la violencia no cesa, pese a que día a día se captura a algún mafioso de alto nivel. Tan no cesa que aterra saber lo que está pasando en Tamaulipas, que de entidad federativa se ha convertido en una especie de cementerio clandestino; ahí la autoridad se extinguió. Calderón no retrocederá en su estrategia. Es demasiado tarde para retirar a las fuerzas armadas de las calles del país, ante la ausencia de cuerpos policiacos medianamente profesionales. Hay criminales fuera del Estado, pero también los hay adentro: igualmente criminales. No es casualidad que se haya detenido a 16 policías por las decenas de muertos hallados en San Fernando, Tamaulipas. No es coincidencia que cuatro policías de élite, en Ciudad Juárez, estén indiciados por el asesinato de cuatro jóvenes aparentemente sin vínculos con actos delictivos. Es probable que la mayoría de los muertos de esta guerra pertenezcan al bando de los malos”. Pero es cierto también que muchos inocentes caen: esos que entran, como estadística, en la categoría de “daños colaterales”. Ahí está como ejemplo una mujer de 27 años que, la semana pasada, se dirigía a Nuevo Laredo y falleció en medio de un fuego cruzado (entre militares y sicarios) junto con su hija de tan sólo ocho años de edad. Como ciudadanos tenemos el derecho de exigirle al Estado que nos proporcione la seguridad que toda sociedad requiere para desarrollar sus tareas. Como ciudadanos, no vamos a plantear esa demanda a la delincuencia; no es nuestro interlocutor. No está por demás decir que el Estado, en parte, es responsable de la cotidianidad fracturada en que estamos todos inmersos. Tal vez su error fue utilizar todo el poder del Estado para abatir a los cárteles de las drogas, descuidando otros flancos como son el secuestro, la extorsión, la trata de personas, que se han convertido también en verdaderos flagelos nacionales. La delincuencia organizada tiene muchas vertientes y los esfuerzos gubernamentales, en rigor, sólo se han concentrado en una de ellas. No hay que pasar por alto la propuesta del rector de la UNAM, que además de luchar contra la delincuencia tiene que haber otros objetivos igualmente prioritarios: urge “poner en marcha un proyecto integral para combatir la inseguridad que (contemple) a la educación”. Poner, además, en marcha una lucha frontal contra el lavado de dinero que mine el inmenso poder de la delincuencia. Se sabe del problema; poco se ha hecho al respecto. Todo ello, sin embargo, no solucionaría el problema en el corto plazo pero si pondría los cimientos que permitieran la reconstitución del desgarrado tejido social que nos arropa. Revivir el proyecto de nación. Las fuerzas armadas están en la calle y, dadas las circunstancias, estarán en ellas por mucho tiempo. Sin embargo, es necesario insistir en que los criminales están dentro y fuera del Estado. Que a los dos se les debe combatir con la misma fuerza. Urge, por tanto, restaurar el imperio de la ley, que está escrita pero no se cumple. Calderón asume una posición reduccionista cuando en su discurso alude a los delincuentes que se encuentran fuera del Estado, pero hace caso omiso de los muchos que están incrustados, infiltrados en la estructura de éste: algunos elementos de las fuerzas del orden, algunos impartidores de justicia, antiguos mandatarios tanto ex presidentes de la nación como gobernadores. No combatir a esta fauna es fomentar la impunidad. No combatirla es mostrar ineficiencia en la función de brindar seguridad a una población que, día a día, crece su miedo y su incertidumbre. Estamos a unos meses del relevo presidencial. El gobierno de Calderón tiene que desplegar su mejor esfuerzo, poner en práctica lo mejor de su sistema de inteligencia para impedir que la violencia que nos invade pueda trastocar la estabilidad política de este país. Si acaso sucediera, inauguraríamos lo que casi todos niegan: el Estado fallido. El ¡ya basta! adquiriría otras connotaciones. (Milenio)
  • Ezra Shabot. Violencia ilegítima. La discusión sobre el combate al crimen organizado sigue haciendo proliferar argumentos en torno a un punto que no tiene solución: el término de los actos violentos ya sea como parte de una negociación, o a partir del pensamiento mágico que supone que si el gobierno deja de atacarlos, ellos suspenderán sus acciones y se dedicarán tranquilamente a lo suyo, que es traficar con droga sin que nadie los moleste. El argumento del gobierno se basa en una decisión estratégica producto del mapa de seguridad nacional entregado por Fox a Calderón, y en donde buena parte del país y de distintos niveles de gobierno eran parte del aparato de poder del crimen organizado. Aquel planteamiento que insiste en que la guerra contra los cárteles desatada por Calderón en 2006 tenía como objetivo legitimario luego de los comicios cuestionados por la izquierda, carece de sostén. Independientemente del diagnóstico sobre la capacidad de acción de los delincuentes, una decisión destinada a legitimar la figura de un mandatario no corre los riesgos de hacerlo a través de acciones militares a gran escala como las emprendidas por Calderón, al menos no en regímenes democráticos, sino que busca usar mecanismos populistas de atracción de masas, o de cooptación política de los opositores con prebendas y concesiones capaces de llegarle al precio a los opositores. Atinada o no, la apuesta de Calderón estuvo dirigida a no someterse a los dictados de criminales que habían alcanzado niveles de influencia política y económica desproporcionados y que ponían en riesgo la continuidad de la democracia. El problema de inseguridad y crecimiento del crimen organizado tiene como eje la desvinculación entre el Ejecutivo federal y los gobernadores, quienes al no tener responsabilidades claras, ni contrapesos internos, depositan el problema de la inseguridad en autoridades federales en el momento en que sus policías son rebasadas o cooptadas por los delincuentes. La gran mayoría de los más de 30 mil muertos en esta guerra son parte del Ejército de delincuentes con capacidad de absorber desde militares desertores hasta policías corruptos y jóvenes y niños deslumbrados por el dinero ilícito. La captura de capos y la acción militar ha reducido los espacios disponibles para los diferentes cárteles, quienes se disputan sangrientamente las plazas disponibles, afectando a miles y miles de civiles que sufren la crueldad de estos criminales fuertemente goleados por el Ejército. El problema es que la debilidad de los delincuentes no se expresa en menos acciones criminales, sino en el recrudecimiento de la violencia por parte de los afectados. Así, la debilidad de la estrategia de Calderón se basa principalmente en la incapacidad de involucrar a toda la sociedad en el combate a los criminales, pero también en no poder hacer corresponsables de las acciones militares a los gobernadores, quienes se presentan como “víctimas” tanto de criminales, como de los actos del gobierno federal. La ausencia de un nuevo pacto federal alternativo al del viejo régimen convierte el problema de seguridad en una lucha de espacios políticos entre los distintos niveles de poder. Las consignas “No más sangre” o “Basta”, más allá de la desesperación ciudadana o el intento de descalificar la estrategia de gobierno, son muestras de que aún no hay consenso suficiente para hacer del combate al crimen un proyecto ciudadano y político común. Sin este acuerdo, la guerra contra la delincuencia seguirá siendo proyecto del Presidente, ante el cual los gobernadores serán, en el mejor de los casos, espectadores o incluso colaboradores del bando equivocado. (Universal)
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