Juan Pablo II, como el Cid, ayuda a salvar a México

28042011
Dintel

Juan Pablo II, como el Cid, ayuda a salvar a México

Por Abelardo Martín M.
En varias ocasiones, muchas más de las deseables para un Estado que lleva casi 15 décadas de ser oficialmente laico, la Iglesia católica ha servido como válvula de escape o como cortina de humo para desviar la atención en situaciones críticas.
Para los últimos papados México tuvo una atención especial por la importancia de sus aportaciones a las finanzas vaticanas.
Las múltiples giras del Papa Juan Pablo II sirvieron para apuntalar el papel político del clero que culminó con el establecimiento de relaciones diplomáticas y las modificaciones constitucionales que legitiman y avalan la actuación de la Iglesia.
Hoy, nuevamente, cual Cid Campeador, la figura de Juan Pablo II y la Iglesia católica que encabeza Benedicto XVI, forman una cortina de humo y pueden lograr que la atención del país se desvíe hacia el amor y la paz: la buena voluntad y la concordia y se abandone (así sea mediáticamente) la guerra contra el crimen organizado y el narcotráfico.
Dos acontecimientos van a contrapelo de la decisión del gobierno y personalmente del Presidente Calderón, el principal promotor de esta cruzada que ha producido en cuatro años y medio más de 40 mil muertos:
Su viaje a Sudáfrica, a la inauguración del mundial de futbol y ahora su visita a Roma, a San Pedro, en territorio vaticano.
En su visita previa a Perú, su colega Alan García le elogia su decisión y valentía por impulsar y no aflojar en el combate contra el mal.
Como en ocasiones anteriores, los principales medios informativos ya están con un solo tema: el Vaticano.
En buena hora, porque como en ocasiones previas, esta andanada de exaltación de los valores cristianos y de esa fe que se transmite a través de la televisión, ha tenido buenas recompensas políticas, inclusive electorales.
Las centenas de muertos en Tamaulipas, Guerrero, Nuevo León y Chihuahua, por citar sólo unos cuantos estados, tenían ya atrapada, otra vez, la atención de los informativos y sólo la presencia del espíritu de Juan Pablo II ha desviado los temas.
El gobierno de México, si aprovechara y tuviera una pizca de modestia podría aprender de la forma en que se hace la Política y cómo se implementa la comunicación social en el Estado Vaticano.
A Benedicto XVI no le hace “sombra” la canonización de su antecesor, al contrario enaltece su papado.
Aunque se diga que Ratzinger “no es mediático”, consigue con esto que el mensaje católico se difunda, así sea simbolizado en su predecesor, lo que en México es impensable.
La corresponsal de Televisa en el Vaticano, Valentina Alazraki, publicó un libro que cobra con el tiempo más valor y actualidad.
Con el título de “En nombre del Amor” retrato a un gobernante (Juan Pablo II) de éxito. Dice:
“Juan Pablo II se movió siempre en los escenarios majestuosos que  le preparaban, dignos de Hollywood, con una seguridad y un aplomo impresionantes, con todo el peso de su imagen sagrada  y la sabiduría del mejor conocedor de la civilización de la imagen.
“Esto sucedió cuando, joven y fuerte, bajaba y subía escalinatas llenas de flores, se sentaba en tronos impresionantes y cuando aparecía prácticamente inválido en su trono móvil, que era en el fondo, una silla de ruedas.
“No quería imponer su persona sino su mensaje, aunque éste pareciera estar en un segundo plano. Lo que en realidad hizo fue darle más fuerza a los gestos que a las palabras. De hecho sus grandes gestos son recordados más que cualquier mensaje u homilía.
“Juan Pablo II provocó la exaltación de la dimensión pública de la fe en un mundo en donde ésta se había vuelto, por razones políticas o sociales, un hecho meramente personal y privado.
“Con él, la religión salió de las catacumbas físicas y morales. Con sus viajes alrededor del mundo, dio un continuo testimonio público de la fe, llenó las plazas, los parques y los estadios, con símbolos claros y visibles, gracias a la extraordinaria capacidad que tenía de entrar en sintonía con las multitudes, de saber encontrar las palabras y los gestos que de él esperaban.
“Con su presencia, el Papa infundió nueva fuerza y vigor a las iglesias locales, que al tomar conciencia de sí mismas se volvían, después de su partida, puntos de referencia claves en la vida del país. Los viajes ensanchaban sus horizontes interiores”.
Los hechos del papado anterior, más allá de palabras, son contundentes:
  • Ha sido el tercer pontificado más largo de la historia de la Iglesia.
  • 104 viajes por el mundo, en los que recorrió un millón 200 mil kilómetros.
  • Visitó 697 ciudades en 129 países, donde pronunció 2 mil 415 discursos.
  • Se entrevistó con 703 jefes de estado y recibió en audiencia a 228 primeros ministros.
  • A sus un mil 070 audiencias públicas asistieron 16 millones 800 mil fieles.
  • Publicó 14 encíclicas, 14 exhortaciones apostólicas, 42 cartas apostólicas, 11 constituciones apostólicas y 28 motu propios (documentos sobre cuestiones del gobierno de la Iglesia).
  • Escribió 4 libros durante el Pontificado.
  • Presidió 139 ceremonias de beatificación y proclamó un mil 338 beatos y 50 ceremonias de canonización con 482 santos.
  • Convocó 9 consistorios para el nombramiento de 232 cardenales.
  • Ordenó 321 obispos y 2 mil 125 sacerdotes.
  • Celebró 6 reuniones plenarias del colegio cardenalicio y 7 sínodos de obispos, uno de ellos extraordinario.
  • Administró un mil 378 bautismos, y un mil 595 confirmaciones.
Por supuesto, su discurso no fue monótono y monotemático. Defendió “una verdadera democracia, basada en el libre consenso de los ciudadanos, que “no puede atentar contra los derechos humanos” y que debe estar basada “en la paz, la libertad, la justicia y la participación.
“Una sociedad está amenazada cuando la distribución de los bienes se encomienda sólo a las leyes económicas del crecimiento y del mayor provecho cuando el progreso toca marginalmente o no toca para nada a amplios sectores de la población que viven en la necesidad y en la miseria”.
Valentina Alazraki, diseccionó magistralmente el papado de Juan Pablo II y la experiencia es inagotable. Dice:
“Tuvo carisma personal, naturalidad ante los medios de comunicación. No sólo no le tuvo miedo a los medios, sino que debido a un instinto innato, se colocó siempre en las situaciones más apropiadas desde el punto de vista de los fotógrafos y de los camarógrafos, siendo  fuente inagotable de sorpresas: esquiando, nadando o leyendo en un bosque, almorzando, despachando en su estudio, hablando por teléfono, cantando, llorando, entrenando y saliendo de hospitales, sufriendo incluso agonizando.
“El Papa al hacer público prácticamente todo su misterio con valor y confianza, éste fue siempre creíble. En ninguno de sus gestos, de sus palabras o de cualquier otra manifestación la gente advirtió algo falso.
“Juan Pablo II nos dijo que el hecho esencial de la comunicación es una relación en dos direcciones: entre el comunicador y la opinión pública. Los comunicadores deben saber escuchar las exigencias, las necesidades de la gente y sobre todo la voz con la que se manifiesta la dignidad de cada ser humano.
“El periodismo que no escucha al hombre provocará que éste lo desperdicie. Escuchar al hombre significa respetarlo y enfrentar sus problemas individuales y sociales-
“El Papa abogó a favor de un periodismo independiente que no se dobla ante las ideologías o compromisos con el poder. El hombre que elige esta profesión – nos dijo – debe intentar buscar con pasión la verdad por sí misma. Con la independencia y el rigor, su trabajo puede ser  una contribución inestimable a la sociedad, porque ésta necesita información completa, dentro de los límites de la justicia y de la caridad.
“Nuestra dignidad debe ser más importante que el éxito o un ascenso. “si se dejan dominar por estos criterios – nos dijo – , vuestra vida se volverá vacía.
“Lo que facilitaba su relación con ellos, aunque paradójicamente no actuaba para ellos, era que se conducía con su naturalidad habitual, siendo siempre él mismo. Convivía con ellos, pero no se dejaba condicionar por ellos. Era totalmente libre e independiente y esta actitud aumentó aún más el interés que los medios sentían por él.
“El Papa nos enseñó a quienes manejábamos los medios de comunicación del Vaticano a no tenerle miedo a los medios, sino al contrario, a hacer de ellos nuestros aliados. Nos enseñó a utilizarlos como instrumentos pastorales de evangelización.
“La relación de Juan Pablo II con los medios nunca fue una mera cuestión “técnica” o una simple estrategia de comunicación. Para él, detrás de una cámara, de un lente, de una grabadora o de una pluma, había ante todo un ser humano.
“El Papa creía que la gente tenía derecho a la información y por tanto el Vaticano debía respetar ese derecho. Pensaba que la propuesta de valores cristianos de la Iglesia tenía que ser presentada como propuesta y no como imposición, sin una lógica de mercado.
“Respeto enorme por la dinámica de los medios.  Ya no se trataba de manipular los medios, ni de reducir al mínimo los daños provocados por su atención – por ejemplo, establecer una excesiva transparencia que pudiera conllevar críticas y cuestionamientos sobre la actuación del Papa o de la Iglesia católica. Había llegado el momento de establecer una semántica, reglas nuevas. Esto significaba aceptar un lenguaje, ofrecerse a la crítica de la prensa como persona y como símbolo. Sabía perfectamente lo que era la comunicación.
“Entendimos que lo fundamental eran los hechos. Los contábamos como inciertos cuando había incertidumbre y como graves y muy graves cuando llegó el final de su vida. En ninguna de sus enfermedades recibí de él alguna indicación de lo que tenía o no que decir. Esos encuentros con la prensa fueron un medio muy eficaz para comunicarse con la opinión pública. No fue un Papa que transmitió de vez en cuando mensajes grabados de antemano para los momentos importantes del año, como hacían sus predecesores, sino un Papa que participó de la dialéctica del periodismo moderno, aceptando su reglas y aprovechándolas para transmitir los valores cristianos”.
Hechos, hechos, hechos.
En México, la cifra de muertos por la guerra supera los 40 mil, es más, muy pocos saben cuantos, pero la credibilidad sigue a la baja.
Juan Pablo II sigue cosechando lo que sembró. Al gobierno panista, como lo hizo con los priístas, le da oxígeno para ser usado en campañas. A ver si alcanza para cuando estén las elecciones del año entrante.
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