POLÍTICA, UNA ACTIVIDAD DE BAJA ESTIMA.

Mayo 3 de 2011

POLÍTICA, UNA ACTIVIDAD DE BAJA ESTIMA.

Miguel Tirado Rasso

Cada vez que se hace una encuesta para conocer la opinión que tiene la población sobre la política, sus personajes o los partidos, el resultado es decepcionante. Ni creíbles ni confiables, es la respuesta; al menos, muy poca, y no importa el tiempo que transcurra entre los levantamientos de estos estudios, al final de cuentas la medición no variará mucho, porque, a pesar de las reformas legislativas que pretenden una mayor apertura y participación ciudadana, nuestros políticos no logran mejorar su imagen.

La baja estima que tiene la ciudadanía sobre esta actividad, así como sobre quienes hacen de la misma su profesión, no es gratuita. Y es que, se sabe de ella, más por las malas, que por los avances que, indiscutiblemente, ha alcanzado nuestro país en el fortalecimiento de nuestra vida democrática. El camino recorrido ha sido largo y nada fácil, y aunque falta mucho por lograr, existe una enorme diferencia entre los tiempos del carro completo, de un partido aplanadora, a los de la participación competitiva de fuerzas políticas equilibradas, en donde la alternancia no es novedad.

Tal vez, la mayor identificación que se tiene del político es la de nuestros representantes populares, los diputados y senadores. Y mucho de lo que pasa en el recinto parlamentario, al menos lo que da noticia, es lo que ha distorsionado el concepto de la política. La tarea de nuestros legisladores, no es únicamente la que vemos en los reportajes que dan cuenta de los debates que se tienen en el pleno de las cámaras y que, con no poca frecuencia, terminan en escándalos, que se convierten en noticia. Hay mucho trabajo de fondo en comisiones, que es en donde se buscan los consensos para la aprobación de leyes. Una labor de cabildeo, fino y discreto, que es poco conocida.

Pero para la mayoría de la población lo que queda en su memoria son sólo esos desencuentros estériles, discusiones de bajo nivel, la participación de legisladores de poco calado, ávidos de protagonismo que sólo muestran su enorme pobreza en argumentos y lenguaje. Esa actuación es la que se interpreta, erróneamente, como actividad política, así que no extraña el mal concepto.

El electoral es otro campo en donde también encontramos causas que contribuyen al deterioro de su imagen. Es en éste, en donde los partidos tienen la relación más estrecha con los ciudadanos, de cuyo voto dependen para alcanzar el poder. Con este propósito, los institutos políticos acuden a diversas estrategias, algunas extremas que los llevan a asociarse con quienes tienen muy poco en común, lo que crea confusión entre sus partidarios. Es el caso de las coaliciones entre partidos con profundas diferencias de carácter ideológico.

Suponer que la credibilidad y confiabilidad de los partidos no se afecta con estas acciones es un error. Más aún cuando no se tiene empacho en cooptar candidatos de organizaciones contrarias, sin más argumento que el de buscar el triunfo, a como dé lugar. Tampoco salva su causa quien deserta de su militancia, de un día para otro, para cobijarse en los colores del partido que sea, sin otra razón que la de querer competir, olvidando trayectoria e ideología.

Si bien, quienes defienden estas estrategias, se amparan bajo el cómodo argumento de que el fin justifica los medios, habría que reconocer que semejante actitud le resta seriedad a la política como actividad y a sus personajes.

Pero hay más ejemplos de cómo empeorar la percepción que la población tiene de los protagonistas de este quehacer. Llevar a cabo consultas populares convocadas por partidos políticos con el objetivo de definir una estrategia electoral, para al final de cuentas tomar la decisión que la dirigencia quiera, ignorando el resultado de la encuesta, y dejando con un palmo de narices a los ciudadanos que participaron en la consulta, tampoco ayuda.

 Y una más, de partidos y candidatos. Acordar una alianza entre dos partidos que convienen en que uno de ellos propondrá los precandidatos para un cargo de elección popular, con el compromiso público de postular a quien triunfe en las encuestas y debates, resulta muy democrático. Pero, imagine usted, que un precandidato perdedor no acepta su derrota, y su partido decide postularlo de cualquier forma, para lo cual ignora compromisos y acuerdos y da por concluida la alianza.

Para completar el sainete, el partido ex coaligado, por su parte, procede a registrar y postular, como su candidato, a quien ganó en las encuestas, pero que no es miembro activo de su organización,  formalmente sigue siendo militante del otro partido, y ya no hay alianza que los cobije. Semejantes enredos electorales suceden en nuestra realidad.

Estos son sólo una muestra de los ejemplos que dan cuenta de compromisos que no se honran, transfuguismo, vaivenes y dimes y diretes, que explican por qué quienes participan en esta apasionante actividad no gozan de mucho prestigio ni consideración, y la necesidad que existe de trabajar a fondo y en serio en la reivindicación de la imagen de una tarea que es necesaria e indispensable para la vida democrática, como es la política.

Correo electrónico: mitirasso@yahoo.com.mx

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Acerca de Imagen Política

Somos un grupo de profesionales de la comunicación, que hemos conjuntado nuestra capacidad y experiencia en las áreas del periodismo escrito, radiofónico y de análisis político, que nos permite ser la firma más exitosa de: consultores políticos, de comunicación, estrategias de mercadotecnia y cabildeo.
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