CON SINGULAR ALEGRÍA

CON SINGULAR ALEGRÍA

POR GILDA MONTAÑO

10 DE MAYO DEL 2011

Empezó con un gran silencio, y acabó con la palabra mágica: México. Nuestra nación. Nuestra casa. Nuestro fundamento. Nuestro todo y lo que somos. En el transcurso de ese tiempo,  le seguí paso a paso. Era una marcha que a mí también me dignificaba como ser humano. Durante este tiempo, veía a un hombre fuerte, intenso, sencillo, amable. Pero determinante y por supuesto dolido. A él que un día de repente y de sopetón le mataron a su hijo. Una ilusión… una parte de su alma. De su vida. Allí estaba el poeta, el amigo de mis amigos.

Sicilia caminó y caminó. Llegó a las cinco en punto. Esa no fue una marcha como la que hace un par de años hiciera Ma. Elena Morera de Galindo, a la que le quitaron su paz un día de octubre… y a su marido tres dedos. Aquella fue de guerra y esperanza. En esta caminaban los muertos. Los muertos de angustia, de miedo, de ira, de rabia, de sacos y sacos repletos de dolor. A ella la avalaba la fundación México Unido contra la delincuencia. Todos de blanco. Al final, no se ganó más que adeptos.

Así es. Así nos tienen. Así creen que nos bendicen cada día y así dicen que nos dignifican. Total…con cuarenta mil muertos vamos de gane, porque si somos ciento diez millones… qué tanto es tantito…Pensarán que así contribuyen contra el exceso de población. Uf.

Me mandan el texto íntegro del discurso de Javier Sicilia leído en el Zócalo y lloro. Pero lloro por México al que amo tanto y por el que me he esforzado cada día de mi vida. Se llama: ‘Nuevo pacto, o fractura nacional’. Me conmueve ver que él sigue teniendo la esperanza de que alguien… en algún lugar de este país, le, nos oiga. Más bien todo está alrededor de una fractura nacional. Dice:

“Si hemos caminado en silencio es porque nuestro dolor es tan grande y profundo y porque a través de él les decimos a quienes tienen la responsabilidad de la seguridad de este país, que no queremos un muerto más a causa de esta confusión creciente que sólo busca asfixiarnos”. ¿Busca asfixiarnos? Se queda corto Sicilia… Nos tiene más que muertos vivos. No podemos ya respirar.

“Hemos llegado a pie, como lo hicieron los antiguos mexicanos, hasta este sitio en donde ellos por vez primera contemplaron el lago, el águila, la serpiente, el nopal y la piedra, ese emblema que fundó a la nación y que ha acompañado a los pueblos de México a lo largo de los siglos. Hemos llegado hasta esta esquina donde alguna vez habitó Tenochtitlán -a esta esquina donde el Estado y la Iglesia se asientan sobre los basamentos de un pasado rico en enseñanzas y donde los caminos se encuentran y se bifurcan-; hemos llegado aquí para volver a hacer visibles las raíces de nuestra nación, para que ( ) la dolorosa desnudez de nuestros muertos, nos ayuden a alumbrar el camino”. Ayer, a Dios gracias, el que tomó las cosas en serio y que endosó factura fue el Cardenal Norberto en su misa dominical, pidiendo a San Pablo… su bendición. Al fin México siempre le fue fiel.

“Si hemos caminado y hemos llegado así, en silencio, es porque nuestro dolor es tan grande y tan profundo, y el horror del que proviene tan inmenso, que ya no tienen palabras con qué decirse. Es también porque a través de ese silencio nos decimos, y les decimos a quienes tienen la responsabilidad de la seguridad de este país, que no queremos un muerto más a causa de esta confusión creciente que sólo busca asfixiarnos, como asfixiaron el aliento y la vida de mi hijo…

“Si no hacemos esto solamente podremos heredar a nuestros muchachos, a nuestras muchachas y a nuestros niños una casa llena de desamparo, de temor, de indolencia, de cinismo, de brutalidad y engaño, donde reinan los señores de la muerte, de la ambición, del poder desmedido y de la complacencia y la complicidad con el crimen.

“Todos los días escuchamos historias terribles que nos hieren y nos hacen preguntarnos: ¿Cuándo y en dónde perdimos nuestra dignidad?

“El silencio es el lugar en donde se recoge y brota la palabra verdadera, es la hondura profunda del sentido, es lo que nos hermana en medio de nuestros dolores, es esa tierra interior y común que nadie tiene en propiedad y de la que, si sabemos escuchar, puede nacer la palabra que nos permita decir otra vez con dignidad y una paz justa el nombre de nuestra casa: México.”

¿Qué más le falta decirnos a Sicilia,  que dentro del alma tiene todavía el valor de la “esperanza…”?

gildamh@hotmail.com; amigosgildamh@hotmail.com; Twitter: @gildamontano; Facebook: Gilda Montaño Humphrey.

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